Un poema: sinfonía de olvido
|
E |
n el pedregoso tramo final de una larga calle de mi pueblo, está abierta de par en par la puerta del cementerio. La figura de un Cristo reposa en la entrada. Tiene los brazos abiertos, y una placa en el pedestal reza la frase «venid a mí los que estáis trabajados cargados, y yo os haré descansar».
Es la más fina invitación al reposo eterno. Como si el campo santo mismo nos
abriera sus brazos blancos. Es la voz misma de este lugar donde descansamos de
los ardides de los prejuicios y otras obsesiones infernales. Creemos que
existimos en esta ilusión que llamamos vida, pero hace tiempo que caminamos
lejanos de nosotros mismos como zombis. Estamos bullendo como gusanos en animal
muerto. Y es aquí que se abre la invitación a este lugar de reposo eterno,
donde no existe color de piel, donde todos los apellidos son iguales, donde no
existe la homofobia ni religión. Allí somos uno, una soledad, un silencio, una
sinfonía de olvido.
.jpeg)




Comentarios