El pensamiento de Eufemio Obrero

 

Buscando el pan honrradamente en un wharehouse, en New Jersey. 2020


EDWIN CASTILLO. Comparto con ustedes un pensamiento escrito en el año 2013, cuando trabajaba en una  fábrica farmacéutica en el Parque Industrial de Itabo, Haina, San Cristóbal. En ese lugar escribí el cuento que lleva por título : « El eterno día de Eufemio Obrero», incluido en nuestro libro de cuentos y con el cual ganamos una Mención de Honor en el 2014, en el Concurso de Cuentos que organiza Radio Santa María.  

 

Hace apenas pocos días que terminé de leer la novela sicológica: «Crimen y Castigo», del destacado escritor ruso Fedor Dostoievski. Inmediatamente terminada la última página de esta magistral obra de la literatura universal, me hice la promesa de que leería algunas novelas clásicas de la literatura Rusa. Tarea difícil ya que el trajín del día a día casi no nos permite que nos diquemos a concentrarnos en lecturas de largo aliento como son las novelas, ya que ameritan de mucha atención para su mayor provecho, sobre todo los clásicos rusos que por su valor universal todo lector de fino paladar debe conocer.

«En estos días he comenzado a leer "La Madre" de Máximo Gorki y ya de entrada sus primeras páginas han clavado una herida imborrable en mi pecho. Y barrunto que esta novela cambiará mi vida, ya que aparte de ser un aprendiz de escritor he trabajado por muchos años en una fábrica del sector zona franca, donde a diario veo con repugnancia la explotación del hombre por el hombre. Mis compañeros y yo en empujados por la miseria acudimos como ovejas al matadero, victimas de un sistema que no piensa en una revolución educacional que le proporcione a cada dominicano la oportunidad del descubrimiento de su riqueza interior que les daría la verdadera libertad: la libertad del espíritu. Simplemente el mal sano propósito de esta acción tiene como objetivo que sigamos siendo esclavos de los pueblos desarrollados. Sin embargo, algunas personas en este linfático sistema hacemos el esfuerzo extraordinario para escaparnos de la garras devoradoras, otros, lamentablemente, se han convertidos en zombis presos del letal consumismo promocionado por las grandes potencias.



Por eso cada mañana entre maldiciones e ilusiones muchos dominicanos nos entregamos a ese día a día y entramos en la boca de ese monstruo y al terminar la jornada como dice Gorki en la primera página de su grandiosa novela: «La fábrica vomita gente de sus entrañas de piedra, como si fuera escoria». Cuanta vigencia esta deliciosa obra - por tal es un clásico- y cuanta necesidad de cambios amerita la sociedad dominicana y el mundo.

 

 

 




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