Rafael Trujillo fue Barón del Cementerio
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os «días de los fieles difuntos», nos gusta visitar los
cementerios de nuestro país por el conocimiento cultural que eso nos transmite.
Además, somos fieles observadores de la «tumba del Barón», como se le llama en el vudú criollo a la tumba del primer cuerpo que fue enterrado en un
camposanto. Teniendo tres de ellas como preferidas.
La primera, es la que se encuentra en el
Cementerio Municipal de San Cristóbal. La tumba es de una Barona, (se le llama
así cuando la primera persona en ser enterrada es de sexo femenino), quien fue
pariente del poeta Zacarías Espinal, a quien se le atribuye ser uno de los
primeros modernistas de nuestras letras. Fue sepultada en el año 1946.
La segunda, se encuentra en el
cementerio de Cristo Rey. Otra Barona, pero esta es muy especial dentro de
nuestro rico vudú criollo, ya que se trata de una niña; si no me equivoco, fue sepultada
a principios o a mediados de los años 40s. La tumba es una capilla pintada de
rosado y dentro de ella se puede observar diferentes ofrendas que les llevan
los devotos como, por ejemplo, muñecas, macutos, comidas, cuadros de santos,
velas y muchas cosas más típicas de estas ceremonias.
La tercera, es la que perteneció al
dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina. La misma se encuentra en el
cementerio que hay debajo de la iglesia «Nuestra Señora de la Consolación», en
San Cristóbal, provincia del sur dominicano donde nació el dictador. Fue construido
con la finalidad de ser enterrado allí «el Jefe» junto a sus familiares. Trujillo
fue el primero y el único que fue sepultado en ese lugar. El féretro vacío está
en un espacio amplio, donde solo hay dos nichos. Se dice que fue construido
para que él fuera enterrado al lado de su mamá. Esto le daba calidad de Barón,
ya que solo se les confiere ese rango a los primeros que son enterrados en los
campos santos, como hemos dicho. Además, fue sepultado a mano derecha de la
entrada, como es correcto enterrar a los Barones, según la creencia popular.
Su cuerpo permaneció allí por varios meses, hasta que Ramfis, uno de sus hijos,
decidió tomar el cadáver y llevárselo para España. Cuando se abre el ataúd se pude
ver la almohadilla, donde estuvo la cabeza, manchada con la sangre de aquel
hombre que gobernó el país por treinta años de una manera vulgar y
grosera.
Conociendo
esto, a veces nos preguntamos, ¿qué hubiese pasado si su cuerpo hubiese
permanecido allí hasta hoy? ¿Molestaría el fantasma del dictador a
aquellas personas que nunca quisieron que se sepa la verdad sobre muchas cosas
que pasaron en la época de Trujillo o sería un atractivo turístico?; ¿le
llevarían devotos ofrendas y le pedirían milagros al Barón?... en fin, no
sabemos.
Edwin
Castillo es periodista; narrador e investigador sobre música y folklore del
Caribe. Nació en San Cristóbal, República Dominicana, en 1978. En lo literario
ha recibido los siguientes reconocimientos: Primera Mención en el XX Concurso
de Cuentos Radio Santa María 2013, Mención de Honor en el Premio Joven de
Cuento Feria del Libro 2013, Tercer Premio en el XXI Concurso de Cuentos Radio
Santa María 2014, Mención de Honor en el Certamen Literario para jóvenes
escritores de la región Sur en la X Feria Regional del Libro Peravia 2014, y Segunda
Mención en el Concurso de Microcuentos «Las Dos Orillas», en la X Feria
Regional del Libro Peravia 2014 y Mención de Honor en el concurso de cuentos
para escritores del sur, organizado en la Feria Regional del Libro, Bahoruco,
2020. En el 2015, fue publicado su libro de cuentos «El eterno día de Eufemio
Obrero», por la editorial Disonante, en Puerto Rico. En el 2023 publicó la
novela «Andresito Reyna». Algunos de sus relatos aparecen en importantes
antologías publicadas en la Republica Dominicana. En la actualidad reside en el Estado de New
York y estudia en Pillar College.


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