Un testimonio importante sobre nustra música, por Ramón Espinola


En la foto que está Ángel Viloria con el acordeón fue la que se utilizó para la propaganda en los bailes que se amenizaban en el Palladium.

Se trata de un testimonio importante que nos ayuda a conocer más sobre nuestra música en el extrajero. Fue publicado por el historiador dominicano Ramón hace unos meses en su cuenta de Facebook.  

A

quí en New York  resulta difícil encontrar testimonios que nos ayuden a saber más sobre la vida y la obra de algunos artistas dominicanos, sobre todo, de aquellos que fueron los primeros en poner en alto nuestra música como, por ejemplo, Ángel Viloria y Ralph Pérez. Para comprender mejor sus obras es necesario acudir a testimonios, documentos y discos diseminados por todas partes. Uno de esos valiosos documentos lo publicó hace unos días el historiador dominicano Ramón Espinola[1] en su cuenta de Facebook. Veamos:

ANGEL VILORIA Y RALPH PEREZ FUERON LOS PRIMEROS PROMOTORES DEL MERENGUE EN EL EXTRANJERO

En 1952 Ralph Pérez un boricua emprendedor que había fundado la casa disquera de nombre «Ansonia se encontró con el músico dominicano Ángel Viloria en la ciudad de Nueva York. Fueron presentados por una amiga en común.

          A Pérez le gustó el sonido del acordeón de Viloria y la forma armoniosa y vibrante con la cual interpretaba el ritmo cadencioso del merengue y le propuso que creara un conjunto de música dominicana, aunque Pérez que era un tremendo negociante, también conocía de música, le dijo: 

     «Mira Ángel, aquí en esta ciudad no hay muchos dominicanos residiendo que compren y bailen tu música, pero a nosotros los boricuas nos gusta mucho el merengue, además somos hermanos del Caribe y nos debemos ayudar los unos y los otros, así que como dicen en Suramérica dale pichón a eso a ver lo que sale», a lo que Viloria le puso atención y reunió un grupo de músicos que ya habían trabajado algunos con él.Viloria era prácticamente el todo del grupito, era acordeonista, pianista, y líder en la banda. 

Había llegado a la ciudad que nunca duerme como dice el estribillo propagandístico de Nueva York en el 1948, o sea ya tenían unos cuatro años deambulando sin trabajar en lo que el conocía. Que era la música.

Ralph como le decían al boricua disquero empezó a pulir a su ángel dominicano en su oficina de Manhattan localizada en el 992 de Columbus Ave New York 10025 entre 108 y 109 y le dijo un día: «Mira Viloria, he pensado que tu equipo musical debe de tener un nombre para reconocerlo y hacerle propaganda en los club de la ciudad; qué tal si lo llamas el Conjunto Típico Alma Cibaeña», eso fue en el año de 1952.

La persona que introdujo Viloria al boricua fue la cantante Manolita Rojas quien era cantante de «Ansonia Récords» la casa disquera de Ralph Pérez.

Los primeros integrantes del conjuntos fueron: Ángel Viloria (piano acordeón), Emilio «Mililo» Morel (principal cantante) Luis Quintero (tambora/percusión) y Jaime Richetti (segunda voz/güirero).

     En 1952 grabaron cuatro disco de 78 rpm con la disquera «Ansonia» de Ralph Pérez y fueron un éxito rotundo, las gentes los buscaba como pan caliente para sus fiestecitas de los sábados en la noche donde los dominicanos se juntaban a tomarse sus traguitos y botar el golpe de la gran urbe.

Los cuatro primeros éxitos del grupo fueron:

«Dolorita».

«Antonio mi hijo».

«San Antonio».

«Ají Caribe».

Al año siguiente se le ofreció a Dioris Valladares ser el cantante que remplazaría a Millito, de la misma manera el conjunto luchaba por expandirse más porque el mercado así lo exigía y Ralph Pérez se lo pedía. 

Por eso contrataron al conocido musico boricua Willie Sosias (bass), y a Ramón E. García (saxofón alto) Don Santiago (saxofón tenor) y a un cantante dominico boricua conocido como «Yayo el Indio» quien actuaba como segundo interprete. 

Siguieron los éxitos y el mercado disquero latino se Nueva York se llenó con los siguientes ritmos «Consígueme eso», «Vironay», «Amoríos», y «El Pelero».

     En el año de 1953 entro a debutar Ángel Viloria y su «Conjunto Típico Alma Cibaeña» a la más prestigiosa sala de baile del mundo en ese entonces que era conocida como Palladium. 

El merengue se engalanaba y se vestía de gloria para alegrar al mundo. Esa actuación fue el bautizo y debut del ritmo folclórico dominicano y desde ese momento hasta la fecha sus aires alegres han surcado por todos los continentes, partiendo en principio, no de Santo Domingo, sino de la ciudad de Nueva York.

Para ese entonces la música que se bailaba en los grandes centro de música de Estados Unidos y Europa era la música cubana y mexicana, pero ya Ángel Viloria y su conjunto «Alma Cibaeña» y un empresario como el boricua Ralph Pérez (dueño de la empresa disquera latina más grande de Nueva York quien era el patrocinador a Viloria) y quien fue el que lo recomendó a los judíos dueños del Palladium habían hecho despegar el Merengue y colocarlo en el gusto del publico en lo que es hoy.

De esa forma empezaron todos a encaminarse a pasos firmes; el dominicano no los hizo quedar mal y con la magistral interpretación y cadencia de los ritmos de la campiña cibaeña nunca antes escuchados en un centro de baile tan grande como el Palladium causo la euforia, la bulla, y los aplausos de los que se congregaban en dicha sala de Broadway como Frank Sinatra y Sammy David Junior.

El dictador Trujillo de viaje por la ciudad de Nueva York escuchó hablar de Ángel Viloria y los éxitos que estaba obteniendo con la música vernácula dominicana y ordenó al Cónsul General de ese momento Felix W. Bernardino a que fuera a buscar a Viloria, lo felicitara en su nombre y le rindiera un homenaje por el esfuerzo de poner en alto los valores patrios y le dejó un obsequio en metálico de 300 dólares ordenando a los empleados consulares que saludaran y respaldaran al músico criollo en sus presentaciones en la gran urbe.

Así, empezó el merengue a surcar espacios y a volar por los rincones del mundo.

Nota: Este capítulo obedece a la intrahistoria oral que me fue contada por Nora Suzuki la cantante japonesa de la Orquesta de ese país conocida como «De la luz» y su esposo un boricua que había sido socio de Ralph Pérez en el negocio disquero. Ambos la japonesa y el boricua tenían un negocio de mercancías y discos en el 2449 de Broadway entre las calles 90 y 91. Dicho negocio ya desapareció y sus dueños también como también desapareció Ralph y la disquera «Ansonia».

Luego de leer este maravilloso documento que nos regala  el historiador Ramón Espinola, solo nos queda la esperanza de poder encontrar en el futuro más documentos como este, que por su valor testimonial enriquece la memoria histórica de la música dominicana y del Caribe, por tal razón deben ser conservados y difundidos.



[1] Ramón Espinola es uno de los más importantes historiadores dominicanos que residen en USA. Entre sus obra se destaca el libro «The United States Foreign Policy». Está es una obra muy importante ya que nos ayuda a conocer parte de la historia de nuestro Caribe y USA. En su cuenta de Facebook publica periódicamente artículos históricos. 






Foto de Ralph Pérez. Luego haber tenido una relación tan fructífera con Ángel Viloria empezó a firmar a muchos artistas dominicanos del exilio, uno de los cuales es el compositor Mario de Jesús quien lo apreciamos en la oficina de la disquera en el 992 Columbus Avenue firmando un contrato al final de la década de 1950. Ya Viloria había fallecido.

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