Sobre el término amargue.

     




EDWIN CASTILLO. La bachata fue conocida como «música de cabaré», ya  que fue  en ese lugar  donde encontró la residencia perfecta para su existencia. Otros epítetos de mal gusto que   tuvo en sus inicios fueron los de «música de guardia cobrao», «cachivache» o «música de amargue».  Por otro lado, la palabra «bachateros» fue utilizada para llamar a un movimiento de boleristas trágicos que tomaron el bolero y lo fueron desformado, para bien, y llegar hasta lo que es hoy en día. Creo que, uno de los pasos más importantes para llegar a lo que es hoy ese ritmo sucedió cuando le fue incluido la güira a esas canciones «corta venas». La primera evicencia de eso la tenemos en 1961, con José Manuel Calderón, y sus grabaciones en Radio Televisión Dominicana.

      Por esas y otras razones algunos artistas que hoy se sienten bien con que los llamen bachateros, en aquellos tiempos sentian vergüenza de que los apodaran de esa forma. Como lo de claró Leonaldo Paniagua en una entrevista para el periódico Hoy, en agosto del año 1989. Entre lo que dijo está  la idea de que aquello que interpretaba era música de cuerdas y no veía la razón para que la  llamaran bachata o música baja. Sin embargo, hoy Paniagua se presenta con mucho orgullo como uno de los pioneros del género. 

      Por otra parte, sobre la génesis de la popularidad del término «música de amargue», que es lo que ahora nos interesa, creemos lo siguiente: 

    Probablemente una de las causas  fue  porque en años anteriores a lo que hoy se conoce como  bachata era bien conocido en el país el bolerista puertorriqueño José Antonio Salamán, quien le cantó en muchas de sus canciones  al dolor,  la barra y otras penurias de la vida. A él les pertenecen los éxitos”: «Deme otro trago», «Aquí en la barra» y «En el fondo de la copa». Estas selecciones recibieron intensa difusión en República Dominicana, donde los locutores le estamparon el apodo «El Amargao»”, a dicho cantante. Quizás,  a partir  de este hecho en la conciencia de muchos  quedó la manera de llamar  «música de amargue» a todas las músicas de cuerdas de corte trágico –melancólico.

    En conclusión, la bachata, a pesar de que le colocaron  muchos nombres con los cuales intentaban menos preciarla y destruirla, se fue colocando por encima del merengue, cómo lo previó Luis Díaz, en el 1979. Conocer la génesis de esos apodos de mal gusto que tuvo hoy uno de los géneros musicales más sonados en el mundo, nos ayudan a comprender mejor la evolución y las batallas que tuvo que vencer de este maravilloso ritmo, hijo del Caribe.



   Foto tomada de los archivos de la 
antrópologa dominicana Soraya Aracena


Foto tomada de los archivos de Ámerico Mejía. 


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